Perrella: El país por venir es real y posible

Ibrahim Gil/S Machado/ R Ruíz.-

José Antonio Perrella
Perrella recrea en su libro una Venezuela próspera y productiva. Foto: Cortesía

José Antonio Perrella es un empresario que apuesta al país, a pesar del pesimismo que la crisis ha sembrado entre millones de personas. Desde su libro Ellos vivieron el país por venir ve una Venezuela factible, cambiada, transformada, en función del trabajo, del desarrollo y del crecimiento. Está convencido de las grandes posibilidades que todavía brinda y brindará esta tierra prodigiosa del sur de América.

“La transformación pasa por un cambio de paradigma. Lamentablemente, en estas últimas décadas el venezolano se ha acostumbrado a las dádivas, antes eran solamente en períodos electorales, ahora son cotidianas: la comida, el transporte, las becas, los bonos, hasta pagos directos por ir a votar o no. Hay que cambiar el paradigma del Estado protector, la cultura del venezolano tiene que cambiar.”, afirma en una entrevista para este medio.

.- Si no se entiende el pasado no se puede estar mejor dispuesto, preparado, para un mejor porvenir, ¿qué experiencia recoge  Ellos vivieron en el país por venir?

Efectivamente es una novela que sucede en el país por venir, el país del que yo sueño, país que yo creo que es perfectamente factible una vez empiece un proceso de recuperación en nuestra Venezuela.

No sabemos cuándo va darse el cambio para que el país empiece a subir la cuesta y no a bajarla. No lo sabemos, ni cuándo ni cómo. Pero la novela se desenvuelve en el país 15 años, o 16 años, después de este proceso de reconstrucción, que llamamos en el libro consolidación del país.

Es un país más normal, es Venezuela, con sus características, con sus venezolanos, donde obviamente las calamidades que hoy estamos viviendo no se viven. Es un país más democrático, muchísimo más enfocado a la producción y al trabajo, muchísimo menos a la diatriba política. Es un país en donde el venezolano está concentrado fundamentalmente en formarse, en educarse y en trabajar.

.- ¿Es posible que la generación que se está formando tenga el referente de otras sobre lo que debe ser la normalidad de un país?

Venezuela ha sido un país con dosis importantes de anormalidad desde hace mucho tiempo, especialmente los gobiernos posteriores a la dictadura de Pérez Jiménez y, más particularmente, a finales de los años setenta cuando el petróleo empezó a ser un factor tan importante en la economía de nuestro país. Los precios subieron abruptamente, Venezuela tuvo signos de anormalidad: el nivel de gasto, de riqueza, de distribución de la riqueza.

Nos acostumbramos a gastar probablemente más de lo debido, tanto desde el punto de vista gubernamental como desde el punto de vista de las personas. Esa anormalidad en estos últimos años se fue incrementando.

Ahorita estamos en el clímax de la anormalidad, porque de ser dispendiosos a ser nuevos ricos ahora pasamos a un nivel de miseria dramático, impensable, donde las cosas más elementales ya no son alcanzables. El nivel de anormalidad que estamos viviendo es absolutamente ridículo y exacerbado.

.- En la actualidad se vive entre picos de anormalidad que forman parte de la rutina, ¿cómo se retoma el camino de la normalidad?, ¿cómo idear ese país de normalidades?

Me parece genial el tema de los picos. Hace quizás hasta 10 años muchos tuvieron acceso a un cupo de dólares preferenciales, regalado, muchos viajaron, rasparon. Ahora resulta que no pueden montarse en un autobús porque no existe. La alternativa a caminar cuadras y cuadras y probablemente kilómetros es montarse en esto que describen como perreras.

El venezolano no tuvo ningún problema en montarse en un avión e ir a Aruba o a cualquier otro destino. Juntarse dieciocho personas en un espacio que no costaba nada, no comer durante unos días, raspar el cupo y después vender dólares. Ahora tampoco tiene ningún problema, pareciera que no lo tiene, en subirse en un 350 para poder trasladarse. Esas son las reglas del juego que nos están imponiendo y esas reglas del juego nos obligan a seguirlas para sobrevivir.

.- ¿Y cómo se reconstruye el país en función de eso?

Hay que poner otras reglas de juego, hay que poner otra música y la gente la va a bailar, como se acostumbró a viajar, a raspar. Estoy convencido que al momento en que este país empiece a desmontar los controles, empiece a hacer que a través del trabajo sea la única manera de obtener sustento, trabajo digno y bien remunerado, se va a empezar a dar un proceso de trasformación social, que pasa por un cambio de paradigma del Estado protector. La cultura del venezolano tiene que cambiar.

.- La novela está planteada 15 años después de la recuperación y es un ir y venir a estas épocas..

Para no olvidar y registrar cuáles fueron las cosas que estuvieron mal en esta época y que sentaron las bases de la necesidad de un cambio. Pero también retrocedo aún más, porque no solamente las cosas que hemos hecho en estos veinte años han estado mal. Yo critico con la misma severidad al período pre-revolucionario que al revolucionario.

Las cosas que están pasando en este momento son impensables, indecibles prácticamente, pero en las épocas previas a la revolución, para los que las vivimos, las cosas eran terribles también y bueno, no de gratis, surgió el proceso revolucionario.

.- Presenta al país como un gran rompecabezas, ¿cómo hacer para que las piezas encajen?

Va a ser un proceso complejo que va a requerir, por un lado, de un liderazgo adecuado. Y cuando digo adecuado no es el tipo de liderazgo populista que hace llorar a la gente. No, es un liderazgo mucho más concreto, mucho más eficiente.

.- Más real.

Es fundamental que los venezolanos que lideren el proceso de transformación y consolidación del país sean personas profesionales, probas, que amen a Venezuela y que entiendan que el proyecto de reconstrucción es fundamental para salvar a esta patria y a todos los venezolanos.

Se necesitará del concurso de todos los venezolanos, de los empresarios, de la sociedad venezolana que ha logrado amasar importantísimos recursos que están por ahí en el mundo, estacionados, que tienen que regresar para reinvertirlos en Venezuela, no por un motivo de santa acción, sino porque no va a haber un país en el mundo para esos recursos más rentable que Venezuela en una fase de reconstrucción.

.- ¿Cómo enamorar a un joven que tiene la palabra migración constantemente en su boca?

Es muy difícil. Cualquier cosa que uno diga, ante las circunstancias del país, tiende a sonar a charlatanería. Pero lo que yo sí necesito transmitir es mi visión, es  que Venezuela sigue siendo el lugar donde sus talentos, sus capacidades de emprendimiento, en donde sus ilusiones van a ser mejor aprovechadas.

*Equipo Pluma

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