Leer y correr / En honor a Marisela

Luisa Caruto.-

Inseguridad y descuido atentan contra el Parque del Este Foto: Vargas Al Día

Quien no haya ido al Parque del Este se ha perdido de admirar uno de los lugares preferidos para el esparcimiento y recreación de los caraqueños. La hermosa fauna y vegetación presente es una invitación para relajarse o desconectarse del ambiente bullicioso de la ciudad. Para el corredor, este pulmón natural pasa a ser un terreno ideal de entrenamiento.

Ubicado en la urbanización Santa Cecilia, fue inaugurado el 19 de enero de 1961. El diseño estuvo a cargo del arquitecto paisajista brasilero Roberto Burle Marx con la colaboración de Fernando Tábora, John Stoddart y el botánico Leandro Aristeguieta. A lo largo de su historia se  ha llamado “Rómulo Gallegos” en 1961, “Rómulo Betancourt” en 1983 y últimamente en el 2002 “Generalísimo Francisco de Miranda”, pero su sobrenombre “Parque del Este” es el que ha trascendido en la cultura capitalina.

Con respecto al deporte este lugar es frecuentado por los trotadores aficionados o expertos desde las cinco de la mañana. Hay varios circuitos para la escogencia del atleta que van desde una vuelta de aproximadamente tres kilómetros por toda la caminería hasta la ruta de cinco kilómetros cross country denominada “La Marisela”. En los previos de un maratón puede apreciarse la alta asistencia de corredores a este circuito, siendo común que se hagan varias “Mariselas”; es decir, más de una vuelta de cinco kilómetros.

Esa vereda de tierra fue bautizada así por el legado de Marisela Díaz quien fuera una gran figura para el atletismo nacional, pero más grande aún por su vocación de enseñanza de la disciplina. Siempre estuvo inclinada a compartir sus conocimientos no solo a los integrantes de su club, sino a otros corredores cuya técnica no era la apropiada.

Ella fue una destacada fondista, dejando récords nacionales en 800, 1.500 y 3.000 metros planos; impuso una marca en el Maratón de Caracas de 2 horas 53 minutos; ganó tres medallas de oro en los Juegos Bolivarianos en 1981; participó en los maratones internacionales de Boston, Nueva York, Noruega, Hiroshima, Puerto Rico, San Silvestre; obtuvo el Premio Buen Deportista otorgado por el YMCA; fue elevada al Salón de la Fama del atletismo en el 2011. No pudo culminar su meta de la sanación de un cáncer de ovario que desde el 2011 la mantuvo de bajo perfil pero no inactiva, hasta el 16 de agosto del 2016 que se la llevó a correr por los caminos de Dios.

Una de las ideas insistentes de Marisela era la preservación de los espacios del Parque del Este, primero por su belleza natural y luego por el beneficio que le otorga al deportista asistente, lamentándolo mucho, el deterioro aunado a la inseguridad ha provocado el alejamiento de muchos corredores.

Quienes se resisten a la carrera del hampa continúan asistiendo al parque incluyendo en su rutina de ejercicios la desconfianza y paranoia. Se hace común tomar las previsiones del caso como estar alerta de las personas que le rodean con vestimenta no usual a la deportiva, si se advierten jóvenes con pantalón blue jean y koala, hay que procurar no quedarse en lugares solitarios; si lleva vehículo hay que asegurarse de cerrarlo bien; en todo momento advertir a las autoridades de la Guardia Nacional la presencia de personas sospechosas; no portar objetos que puedan ser reconocidos de alto valor como teléfonos celulares, reloj, zapatos deportivos ostentosos.

Con estas cortas líneas se quiere hacer un reconocimiento al trabajo de la atleta que en vida obtuvo tantos récords y que como persona fue muy fiel y bondadosa. Su mejor consejo es que “hay que comer bien, hay que salir de casa, hay que inventarse un horario para ejercitarse, sólo así se podrá mantener la vida por mucho tiempo”. Muchos corredores tienen clara la idea de mantener su legado incluyendo en sus entrenamientos unas cuantas “Mariselas”.

*Luisa Caruto es profesora de la Universidad Monteávila.

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