Postales de Praga | A 17 años del siglo XXI

Felipe González Roa.- 

Venezuela entre el hambre y la miseria en el siglo XXI. Foto: vía lapatilla.com

 “Comenzamos con 35 años de retardo”, escribió Mariano Picón Salas, quien con esta afortunada frase describió, con fina precisión, el devastador paso de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Empezó el siglo XX y Venezuela llegó 35 años después.

Hoy es inevitable hacer un paralelismo. Sería absurdo contrastar la era gomecista con el régimen chavista-madurista, tan distintos en términos políticos e históricos, pero si hay un punto de comparación que se puede hacer es el retraso, material y espiritual, que ambos significaron para el país.

No es exagerado afirmar que Venezuela está a 17 años de entrar al siglo XXI. Y lo peor es que ese conteo aún no culmina. En una época caracterizada por el auge de las telecomunicaciones e internet, cuando se habla de robots estacionando autos y la humanidad hasta se atreve a proyectar ciudades en Marte, en Venezuela lidiamos con el hambre y la miseria. Mientras el planeta discute sobre políticas ambientales, aquí vemos niños buscando comida en la basura.

Estas líneas no pretenden ocultar la grotesca realidad que viven muchas otras sociedades, incluyendo los llamados “países del primer mundo”. Ciertamente en esas latitudes la pobreza es una afrenta, y sobre todo la desigualdad social debería ruborizar a gobernantes y ciudadanos. Pero también sería absurdo negar que aquellos son rincones en los que hay respeto por la ley y por la institucionalidad, y se procura aplicar planes que se sustentan sobre ideales democráticos.

Venezuela, en cambio, se aleja cada vez más del siglo XXI. 17 años han pasado y todavía no lo vislumbramos. Y a eso habría que sumar los 35 años de retardo que advertía Picón Salas, sin ponernos a contar lo tarde que llegamos al XIX, al XVIII, al XVII…

La situación se complica cuando nuestras propuestas también están ancladas en el siglo XX, cuando no mostramos creatividad ni imaginación para superar los problemas. Se trata fundamentalmente de conocer nuestra historia y aceptarla, entender nuestra idiosincrasia como venezolanos, todo lo bueno y lo malo que descansa en nuestra individualidad y en nuestra sociedad, para a partir de ese momento trazar un proyecto de país que trascienda al menos un siglo.

El primer paso de rectificación en el rumbo vendrá cuando superemos divisiones artificiales que procuran perpetuar aquellos que disfrutan de los placeres del poder y que entienden que, en el enfrentamiento entre venezolanos, obtienen sus máximas ganancias.

*Felipe González Roa es director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

Deja un comentario