Medir en la justa dimensión

Rubén Rodríguez Gil.-

El éxito es repetible y es poco probable que en la segunda ocasión sea un resultado del azar. En cambio, las variables que pueden causar el fracaso son muchísimas y la medición de la gestión diaria es una efectiva herramienta para minimizar el riesgo del incumplimiento de metas.

Son varios los factores que se recomiendan para la medición efectiva. Lo primero es la honesta recolección de data. No importa qué tan avanzado sea el software de procesamiento de datos, si la data no es honesta y reflejo de la realidad, el estudio arrojará un falso análisis y posteriormente, que es peor, una estrategia equivocada.

Ahora surge la pregunta más complicada, ¿qué es exactamente lo que debo medir? Pues eso es una decisión muy personal y mi invitación es a observar los pasos que le llevaron al último resultado. Medir, por ejemplo, la gestión de ventas no se puede reducir a observar cuánto vendí al final del año. También es preciso observar al menos cómo llegamos a ese resultado.

Bueno o malo, el resultado es el indicador final, pero nos interesa el proceso que es siempre sensible de mejora, bien sea por la reducción del desperdicio, por el uso de recursos, por la ejecución del proceso o por muchas otras causas que deben ser igualmente estudiadas.

Establecer objetivos y medir el progreso en áreas que no necesariamente muestran resultados de fin de año le ayudará a mejorar gradualmente sus operaciones en muchas áreas, lo que conducirá a un crecimiento exponencial de las ganancias. Es posible que sus proyecciones sean demasiado optimistas o que su rendimiento no esté a la altura de su potencial.

Esto podría ayudarlo a identificar que está gastando en exceso, utilizando herramientas de marketing que no están generando ventas adecuadas, asumiendo demasiada deuda o administrando el flujo de efectivo incorrectamente, lo que lleva a un mayor servicio de la deuda. Las mediciones le ayudan a identificar sus debilidades y le permiten establecer controles o tomar otros remedios para fortalecer su negocio.

No obstante, el reconocimiento de la ciencia de la medición de resultados y su interpretación es un camino que requiere comprenderse con madurez. Esto por el alto riesgo de caer en el síndrome del “súper medidor”, paladín del centímetro cuadrado y terror de las reuniones de estatus. Hay que tener cuidado con medir demasiado, quizás cabe aquí un dicho que no sé si existe, pero “El que mide mucho, poco analiza”. Medir en su justa dimensión.

Para quienes se interesan en este mundo, recomiendo hacer foco en, al menos, mercadeo y producción. El mercadeo procura el cuidado de atender las necesidades del consumidor, mediante productos que se traducen en rentabilidad para la organización. La producción atiende la manera más efectiva de producir reduciendo los tiempos de finalización y optimización del uso de recursos. En ese sentido, es que la medición de la cadena de valor es la mínima dosis de medición en el recorrido productivo y el recomendable primer paso para la mejora de procesos.

* Rubén Rodríguez Gil es profesor de la Universidad Monteávila

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