Es la hora de teclear

Alicia Alamo Bartolomé.-

El mundo en silencio. La humanidad ensimismada en su tragedia. Todos y cada uno llevando adelante su encierro. Hay quien se impacienta -tal vez muchos-, se fastidia, protesta contra el destino y no encuentra en qué ocuparse. Otros, más espirituales y acostumbrados a la adversidad, más recios, buscan quehaceres olvidados, aficiones pospuestas por el trabajo diario y así sus días vacíos dejan de serlo. Es la hora de las tareas manuales e intelectuales.

Personalmente, soy aficionada a ambas. Sin embargo, en esta edad senil, no sé cómo andan mis dedos para el tejido a una o dos agujas que hace años practiqué, entre otras labores. Lo que tengo aún aceitadas, gracias a Dios, son las neuronas, entonces escribo, escribo, escribo…, hasta que Dios disponga otra cosa y un día de estos amanezca gagá. Mientras tanto, aquí estoy, es mi hora de teclear. Y ésta se la recomiendo a muchos, junto a la de la artesanía.

¿Y qué escribo, por si alguien me quiere emular? En primer lugar, mis artículos para El Impulso (diario de Barquisimeto), Pluma, Reporte Católico Laico (RCL) y algún otro que salga por ahí. También teatro o adapto obras teatrales para mi curso de adultos, Momentos estelares del teatro universal, en la Universidad Monteávila. Lentamente llevo adelante mis memorias, quizás a pocos interesarán, pero algunos me han dicho que lo haga por lo mucho que he vivido de la historia contemporánea, con acontecimientos extraordinarios de los cuales fui testigo presencial, bien registrados en mi cerebro y que hoy puedo contar. En mi esquema preliminar, este recuento consta de cuatro capítulos, ya terminé, pero todavía reviso, el primero y empecé el segundo; quién sabe si alcanzaré el final antes de que éste me alcance a mí.

Por otra parte, desde hace pocos años, ya entrando en la novena decena de mi edad, me dio por versificar. No es que no lo hubiera hecho antes, pero muy poco, no me sentía poeta; en la juventud, alguna que otra cursi rima amorosa; en la madurez, coplas risueñas para conmemorar fechas y acompañar regalos; ahora, en la vejez, he ido más en serio -aunque probablemente de mal en peor- de la poesía surrealista a la copla jocosa en lo que parece soy más diestra…, o tal vez siniestra.

Dejo constancia de mis actividades perfectamente concordes y posibles en el momento que vivimos, para animar a otros a hallar un camino y encauzar sus inquietudes, dejar el lamento, hacer algo útil. Ora y labora, reza el dicho monacal y bien podemos hacerle esta pequeña reforma: ora, labora y escribe ahora (para no perder la rima). Amigo, amiga, te ha llegado tu hora de teclear, digo, sino es que prefieres escribir a mano. Para mí el bolígrafo quedó atrás y el lápiz…, ¡uy, hace tiempo se internó en las tinieblas del pasado!

Hay mucho para teclear: reflexiones ante esta etapa de una humanidad prisionera a causa de un microscópico virus, lo mínimo doblegando a lo inmenso. Las reacciones personales o ajenas ante el drama universal. El origen de este drama desde un punto de vista filosófico, religioso, moral o accidental. Y, según éstos, cómo encararlo.

Soltar la fantasía, la ficción en las artes: cuento, novela, ensayo, poesía, pintura, escultura, collage, artesanía, música instrumental, ópera, canciones populares, danza, ballet, happening, todo lo que sea creación artística y…

Tomar conciencia de que hoy más que nunca debemos estar unidos como familia y como humanidad. Ahora, permanecemos en nuestros hogares, comiendo juntos, volvamos pues a la enriquecedora conversación de la sobremesa, donde los más jóvenes conocen la historia de sus ancestros. Y volvamos, o tal vez, inauguremos, una oración universal, de todos los seres humanos, de todo los credos, como una sola voz, ¡implorando a Dios piedad!

*Alicia Alamo es decana fundadora de la Universidad Monteávila

This article has 2 Comments

  1. Hola Alicia , usted es ejemplar , además me gusta lo que escribe !
    Contagia su linda forma de adaptarse a las circunstancias .

Deja un comentario