Los retos del gobierno electrónico

Emilio Spósito Contreras.-

La técnica es la danza mágica que baila el mundo contemporáneo, Jünger, Los titanes venideros, Primera conversación.

Nuestras historias del futuro –inspiradas en la História do Futuro del padre Antonio Vieira (1608-1697)– al igual que el Jano bifronte, ven hacia el pasado a la vez que, empinándose, intentan vislumbrar el vertiginoso futuro. Ello nos permite reflexionar y prepararnos para los ambiguos cambios de la sociedad y el Estado; pero al mismo tiempo, sobre el comportamiento de los hombres en general y de cada uno de nosotros en particular.

En el marco de la era digital, podemos entrever al menos dos futuros inmediatos: uno, en el cual se vuelve más transparente el accionar del gobierno y se reduce al mínimo la intermediación de los funcionarios; y otro, en el cual el poder de la información de los ciudadanos en manos del Estado resulta una tentación autoritaria para gobiernos inescrupulosos.

En el mejor de los casos, Estonia, un pequeño Estado otrora satélite soviético, hoy miembro de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, representa el más relevante caso de e-government o gobierno electrónico. La vida de los estonios gira en torno a la “ID-kaart”, que les permite desde comprar boletos de autobús hasta votar en las elecciones legislativas. La democracia directa, practicada por griegos y romanos, parece estar al alcance de la mano.

Pero no sólo en el lejano y frío Báltico encontramos buenos ejemplos de la revolución digital aplicada a lo público; en el Caribe, específicamente en República Dominica, se implanta con éxito el gobierno electrónico. En tal sentido, basta consultar la dirección http://www.dominicana.gob.do/, a través de la cual se puede acceder a más de dos mil servicios, entre ellos asistencia social, educación, empleo, justicia, registro civil, identificación, salud, seguridad, transporte, vivienda, entre otros.

También es reconocida la iniciativa del presidente Danilo Medina llamada “Visitas sorpresas” –con asistencia del Sistema de Información y Gestión para la Gobernabilidad Democrática (SIGOB), del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe–, aunque cuestionadas como populistas al principio, ahora suponen una excelente muestra de eficiencia gubernamental (https://mapre.gob.do/visitassorpresa/).

El desarrollo tecnológico no es bueno o malo per se, son los hombres mediante sus acciones los que se valen de éste de una u otra manera, y realidades como el empleo y la economía 3.0, nos imponen involucrarnos. La literatura, mucho más sensible a los vaivenes del espíritu humano, está llena de alusiones tempranas sobre futuros dominados por la técnica. Verbigracia El castillo de Kafka (1883-1924), 1984 de Orwell (1903-1950) o Un mundo feliz de Huxley (1894-1963).

En la era digital, con su alto desarrollo de la técnica y las comunicaciones de masa, una clave para identificar la falsedad o desviación del gobierno en materia electrónica es ubicar el índice de la brecha digital: no puede existir una sana república digital si no existe un uso generalizado de computadoras o dispositivos móviles y un alto acceso a Internet que hagan viable una sociedad de la información.

La pobreza excluye la alta tecnología y, desgraciadamente, hoy Venezuela tiene los peores puestos en el índice de velocidades de Internet de todo el mundo. Así, según puede verse en http://www.speedtest.net, en telefonía celular Venezuela ocupó el puesto 120, seguida de Irak, Ghana, Afganistán y Tayikistán. En cuanto a banda ancha fija, el país fue el penúltimo, aventajando sólo a Argelia. El futuro no es prometedor.

La clara dicotomía entre un mundo dominado por la técnica y las “reservas salvajes” sirve de antecedentes para entender neologismos como “cibercrimen” o “ciberguerra”, o los retos filosóficos y jurídicos planteados por los “macrodatos” o la inteligencia artificial. En el peor de los casos planteados, la simple amenaza a la igualdad y la libertad de los hombres, resulta muy grave como para soslayarla.

Existen gobiernos que espían a sus ciudadanos, controlan sus redes sociales, manipulan y chantajean a los usuarios de la administración electrónica. En este nuevo escenario, ni siquiera retirarse a la vida privada amortigua la influencia del mal gobierno. La mejor forma de disfrutar las bondades de la técnica y repeler sus perjuicios es entenderla o simplemente para nosotros, el juego habrá terminado.

* Emilio Spósito Contreras es profesor de la Universidad Monteávila

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