Leer y correr | Máximo representante de la investigación bibliográfica en Venezuela

Luisa Caruto.-

La universidad Metropolitana acogió la biblioteca Pedro Grases. Foto: Unimet.

Al cumplirse 108 años del nacimiento de Pedro Grases estas lí­neas no son suficientes para honrar su legado. La información relativa a este extraordinario investigador es extensa, su aporte en el campo de la bibliografí­a y documentación para el estudio de la historia de Venezuela es invalorable. En esta oportunidad se quiere resaltar el lado anecdótico con otros insignes representantes de la cultura.

En 1948 Rafael Caldera fue nombrado presidente de la Comisión de las Obras Completas de Andrés Bello y Pedro Grases el secretario de dicha comisión. Mientras que Pedro Grases trabajaba a tiempo completo, Rafael Caldera lo hací­a tres tardes por semana. Tomando en consideración que no era justa la modesta remuneración que recibí­a el secretario comparada a las horas invertidas, Rafael Caldera, de forma inconsulta, se comunicó con el Ministro de Educación para cederle todo su sueldo. Pedro Grases siempre tuvo un grato recuerdo de ello: “La asignación era minúscula pero el gesto es de un hombre de alma grande”.

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Pedro Manuel Alberto Grases González nació el 17 de septiembre de 1909 en Villafranca del Penedés, provincia de Barcelona, España.  Es obligado al exilio por la guerra civil española, teniendo una breve estancia en Francia, pero las amenazas de la segunda guerra mundial hizo de Venezuela en 1937 la patria que lo abrigó.  Murió el 15 de agosto del 2004.

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Recién llegado a Venezuela Pedro Grases fue acogido, entre otros, por Manuel Segundo Sánchez quien pasarí­a a ser padre y padrino de sus investigaciones bibliográficas venezolanas. En la organización de la Segunda Exposición del Libro Venezolano ambos decidieron que se tratara sobre los incunables venezolanos, siendo una sugerencia de Manuel Segundo Sánchez la solicitud de algunos impresos del perí­odo que estaban en custodia de Banco de Venezuela, para ese entonces Vicente Lecuna era el presidente de la institución bancaria.

Al momento de la entrevista para la petición, Pedro Grases fue despachado por Vicente Lecuna con un “No tengo tiempo, joven”, quedando así­ el concepto de una persona brusca y malhumorada. Los domingos en las mañanas se hací­an tertulias en casa de Vicente Lecuna en las que asistí­a un grupo selecto de hombres de letras, historiadores y hombres de acción ciudadana, Manuel Segundo Sánchez era uno de ellos, de tanta insistencia Pedro Grases fue a una de las reuniones dominicales con la animadversión surgida por el encuentro en las oficinas del banco.

Durante una de las discusiones que se suscitaban Pedro Grases intervino y al finalizar la reunión Vicente Lecuna le dijo “Usted vendrá cada domingo, pues hay asuntos que conoce mejor que nosotros”, después, la relación se transformó en una cordial amistad.

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Tomás Polanco Alcántara formaba parte de las tertulias que solí­a hacer Pedro Grases en la Quinta Villa Franca ubicada en La Castellana.

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Eugenio Mendoza tuvo muchos deseos de ser útil, Pedro Grases fue su maestro. La amistad entre ambos fue profunda. Eugenio Mendoza admiraba la gracia de transmitir los conocimientos del mentor, Pedro Grases elogiaba la habilidad y generosidad del empresario. En una ocasión Pedro Grases le dijo “No te puedes morir sin hacer una institución académica, lo que quieras, una universidad o una escuela técnica”. Los dos estando en España de visita en casa de Marí­a Asunción Grases, hija de Pedro, nuevamente le manifestó su inquietud de crear una institución para la investigación humaní­stica. “Si tú haces la universidad, yo te regalo mi biblioteca”.

La producción de Pedro Grases comprendida en 179 libros, 46 estudios impresos en libros colectivos, 241 ediciones, compilaciones de temas variados y prólogos, le otorga un enorme valor a la Bibliotecologí­a moderna y a la investigación documental. También fue precursor del desarrollo intelectual de la Venezuela del siglo XX, de la  historia de Venezuela y la cultura hispana. Más noble fue su acción de donar su colección de libros y publicaciones periódicas (aproximadamente 100.000) a la Universidad Metropolitana, razón más que suficiente para fundar la Biblioteca Pedro Grases.

Luisa Caruto es profesora de la Universidad Monteávila.

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