EDITORIAL | ¿Qué celebran los periodistas?

Periodismo venezolano vive bajo amenaza. Foto: Ernesto García/Cortesía

En el 2015, según los estudios realizados por Espacio Público, en Venezuela se registraron 296 violaciones a la libertad de expresión. En el 2016 la cifra aumentó a 366. En el 2017 el panorama aparece casi aterrador: de acuerdo con la agrupación hasta el 31 de mayo ya se han contabilizado 471 casos. Nada permite presumir que, durante el segundo semestre del año, la situación vaya a mejorar.

Reporteros sin Fronteras alerta la prácticamente inexistente libertad de prensa en Venezuela, a la cual sitúa en el lugar 137 en un ranking conformado por 180 países. En Latinoamérica solo Honduras, México y Cuba aparecen con una peor figuración.

El Instituto Prensa y Sociedad denuncia que, solo en el primer trimestre del 2017, ha habido 183 víctimas de violaciones a la libertad de expresión durante la cobertura periodística en la calle.

Múltiples son los casos que hablan sobre censura o autocensura en los medios de comunicación, muchos de los cuales recientemente cambiaron de línea editorial tras ser adquiridos por nuevos propietarios. Otros, que todavía procuran mantener criterios independientes, deben sortear las dificultades para obtener los materiales básicos para su producción, tal es el caso del papel para los periódicos impresos.

¿Y de qué se enorgullecen, entonces, los periodistas venezolanos? ¿Hay algún motivo de celebración este 27 de junio?

Este panorama no invitaría a casi nadie a festejos. A casi nadie… salvo a los periodistas, quienes hoy deben agradecer por tener la oportunidad de ejercer esta profesión en momentos que es más necesitada por la sociedad, cuando se requiere que su voz retumbe a nombre de quienes se ven forzados al silencio.

Porque precisamente mientras más oscuro se torna el día más fuerza debe haber para desempeñar “el mejor oficio del mundo”, que hoy, como nunca, debe ser ejercido con honestidad, dignidad y conciencia.

Los periodistas hoy deben tener clara cuál es su responsabilidad, incluso cuando injustamente sean atacados por aquellos a quienes quiere ayudar, a esos que se han dejado envenenar por el odio.

Hoy los periodistas deben esforzarse por ser cada vez más rigurosos, equilibrados, justos, por actuar como profesional en todo momento, por formarse y prepararse para actuar siempre a favor de la sociedad.

Y los futuros periodistas, quienes aún están en las aulas de universidades como la Monteávila, deben comprometerse con sus estudios, con el deseo de ser siempre mejor. Deben entender que esta profesión exige sacrificios y mucho trabajo, pero cada paso dado valdrá la pena porque será un avance gigante para la democracia y para la libertad.

El consejo final siempre será el mismo: en caso de dudas haga periodismo.

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