Pensamientos familiares | Una familia, una oportunidad

Mercedes González de Augello.-

La familia está llamada a lo más grande y esencial. Foto: photopin (license)

La crisis en nuestro tiempo puede sonar a algo común, trivial, algo a lo que nos hemos acostumbrado y con lo que convivimos dí­a a dí­a. Aquellos que saben sobrellevar la crisis son aplaudidos porque tienen una capacidad especial para sortear las dificultades. Incluso hemos desarrollado y estudiamos métodos especí­ficos para atender situaciones de crisis: estrategias comunicacionales para gerenciar la crisis, planes financieros para salir de la crisis, acciones concretas para solventar crisis sanitarias, ambientales, polí­ticas, sociales, emocionales… En fin, somos expertos en crisis.

La familia también está en crisis, eso lo hemos oí­do mucho, pero para ella no se desarrollan estrategias, planes, ni acciones que le den luces de cómo salir de sus situaciones difí­ciles. Quizá porque la lucha contra las demás adversidades nos dificulta ver lo primordial de la atención a las familias; quizá porque la cotidianidad de la vida familiar no nos permite observar la grandeza de su misión; quizá porque las adversidades que atraviesa son tan grandes que preferimos voltear hacia otro lado.

Lo cierto es que la familia está llamada a lo más grande y esencial, acoger en su seno a cada ser humano con el más puro y desinteresado amor, para formarlo y entregarlo a la vida. La familia es el espacio de la socialización primaria, es el lugar donde aprendemos a ser a través de los otros, a donarnos, a convivir, a ayudar, a respetar, a escuchar, a compartir, a amar. Sin duda, la más grande y esencial de las misiones para las que estamos llamados en este mundo.

Pensemos y hablemos más sobre la familia, sobre sus dificultades y desafí­os en la realidad actual, para que valoremos sus dones y fomentemos un amor fuerte y lleno de valores como la solidaridad, generosidad, respeto y tolerancia, tan necesarios en estos dí­as. Esta es una tarea a la que debe responder toda la sociedad, los individuos deben ser apoyados en su vida afectiva y familiar por todas las instituciones sociales, para que logren generar ví­nculos familiares fuertes que los ayuden a salir de la tendencia al individualismo y al egoí­smo actual y puedan vivir el gozo de la entrega a los demás desde su ámbito más cercano.

Debemos ver a la familia, a cada familia, como una gran oportunidad y no como un problema, como afirma el Papa Francisco en su exhortación apostólica Amoris Laetitia. Una oportunidad para que todos los seres humanos podamos ser la mejor versión de nosotros mismos y nos evitemos tantas crisis ocasionadas porque no hemos valorado y apoyado a la familia.

* Mercedes González de Augello es directora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.

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